Trayectoria profesional, académica, los cargos que ha desempeñado en la función pública, su trayectoria internacional, el detallede las conferencias que ha pronunciado en el país y en el exterior, sus publicaciones y en particular, información sobre Derechos Humanos, Ombudsman, Defensor del Pueblo, derecho al desarrollo, derechos de usuarios y consumidores, globalización y su actividad profesional actual.

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“Las cosas por su nombre" (del Estado al Gobierno) publicado en el Boletín del Instituto de Investigaciones del Circulo de Ministros, 9 de febrero de 2011, Buenos Aires.

Las cosas por su nombre (del Estado al Gobierno)

Cada vez con mayor frecuencia se escucha, se lee la remanida referencia al “Estado ausente”;  a ella acuden desde ciudadanos que envían Cartas de Lectores donde claman por la “ausencia del Estado” ante la inseguridad, por ejemplo; también los políticos, editorialistas y periodistas con singular frecuencia y ligereza incurren en la misma muletilla; se pide siempre un “Estado presente” tanto en materia de seguridad como en materia social,  sanitaria, educacional, es decir, las funciones primarias del Estado.

Soy absolutamente conciente que estas reflexiones no van cambiar esa costumbre de imputarle al Estado lo bueno o lo malo de una sociedad. Pero, en ese contexto, sí creo que puedo aportar algún halo de luz para una reflexión más “iluminada”. Es necesario formular una consideración primaria desde la óptica jurídica: el artículo 33 del Código Civil prescribe “Las personas jurídicas pueden ser de carácter público o privado. Tienen carácter público: 1º El Estado Nacional, las Provincias y los Municipios. 2º Las entidades autárquicas. 3º La Iglesia Católica. ….”; previamente, el artículo 32 dispone que “Todos los entes susceptibles de adquirir derechos, o contraer obligaciones, que no son personas de existencia visible, son personas de existencia ideal, o personas jurídicas.”

Lo señalado determina que las personas de existencia ideal o jurídica son una creación del derecho; es el derecho quien las crea y a quien les debe su existencia. Es decir, no son concebidas como las personas de existencia visible o físicas.

Obviamente como entes ideales, prácticamente irreales en el plano físico o vivencial no pueden actuar sino a través de personas físicas que actúan por ellas; así sucede, por ejemplo, en una sociedad anónima donde quien actúa es la Asamblea, el Directorio, su Presidente quienes son órganos físicos cuyas conductas se imputan o hacen responsable al ente.

En el caso del Estado sucede lo mismo; por la teoría del órgano, son estos quienes actúan por la persona jurídica; así, el Poder Ejecutivo, el Poder Legislativo, el Poder Judicial a quien se les asignan funciones diferenciadas en lo material. Y al órgano lo integran dos elementos: uno, estático, que lo constituyen las competencias y atribuciones que el derecho positivo les confiere y el otro, dinámico, que está representado por el funcionario quien, con su conducta, imputa comportamientos al ente.

Por todo ello cabe preguntarse ¿es válido hacer referencia a un Estado ausente? ¿Es justo asignarle al Estado toda la responsabilidad de lo que sucede en el país? ¿Es el Estado quien debe cargar con esas culpas y aparecer estigmatizado ante la opinión pública? Mi respuesta clara y contundente es NO. No es el Estado el ausente, no es el Estado el responsable por lo que sucede en el país, o por lo que no sucede; son los funcionarios, las personas físicas investidas de poder quienes deben aparecer como responsables ante la opinión pública, ellos son quienes convocan a conferencias de prensa, están en campaña, inauguran obras o no realizan lo prometido (no es el Estado quien lo hace); de lo contrario, seria muy fácil esconderse detrás del Estado (ente ideal, casi irreal) y así deslindar responsabilidades. Debe saber la opinión pública que el Gobierno, este y todos los gobiernos, son los verdaderos responsables de la calidad de vida de una sociedad, del bienestar de una sociedad, de que en esa sociedad impere la justicia, el orden, la seguridad y se cumplan los cometidos para los cuales fue creado el Estado. Los responsables, siempre y en toda ocasión, tienen nombre y apellido, son los gobernantes, los funcionarios, quienes tienen poder de decisión y no el Estado que es quien recibe las bofetadas y  cuya legitimidad aparece cuestionada ante la sociedad.

Resumiendo: no es el Estado el “ausente”, son los gobernantes los responsables de sus acciones o inacciones.

Mis maestros de Derecho me enseñaron ese clásico aforismo “los hombres pasan, las instituciones quedan”….mi experiencia me ha demostrado que debe agregarse un párrafo esclarecedor...” esas instituciones quedarán como las hayan dejado los hombres que pasaron…”

(*) Dr. Jorge Luis Maiorano
Primer Defensor del Pueblo de la Nación Argentina
Ex Presidente del Instituto Internacional del Ombudsman
Defensor del Asegurado