Trayectoria profesional, académica, los cargos que ha desempeñado en la función pública, su trayectoria internacional, el detallede las conferencias que ha pronunciado en el país y en el exterior, sus publicaciones y en particular, información sobre Derechos Humanos, Ombudsman, Defensor del Pueblo, derecho al desarrollo, derechos de usuarios y consumidores, globalización y su actividad profesional actual.

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“El derecho humano a la Paz”, publicado como Editorial número 4, en el sitio de la Fundación Observatorio de los Derechos Humanos.

El Derecho Humano a la Paz

Por Dr. Jorge Luis Maiorano
Defensor del Pueblo de la Nación Argentina (mc)
Ex Presidente del Instituto Internacional del Ombudsman (IOI)
Presidente del Observatorio de los Derechos Humanos (FODHU).


Homenaje a la víctimas de los atentados del 11-M Atocha Madrid.


En el Boletín número 2 del Observatorio, adelantaba que el tema del derecho humano a la Paz seguiría ocupando nuestro interés. Y ello a partir de la singular y privilegiada experiencia de haber podido participar en la 1ª Conferencia Internacional sobre el Derecho Humano a la Paz que se realizó, a principios del mes de mayo, en la ciudad de San Sebastián, País Vasco. No fue casualidad que el gobierno del País Vasco convocara a especialistas de todo el mundo ya que ese territorio, bendecido por la Naturaleza y por el trabajo del hombre, ha sido escenario de numerosos hechos sangrientos protagonizados por ETA generando en sus habitantes y en la sociedad española, en general, una sensación de intranquilidad indudable. A ello se ha sumado últimamente el cruento atentado del 11 M donde el fanatismo de los extremismos islámicos ha llevado a sesgar la vida de numerosos inocentes. Es que el País Vasco quiere la Paz, no como ausencia de conflicto armado, sino como suma de condiciones donde se encuentran la tolerancia, la comprensión a la diversidad, el respeto a los nacionalismos, la calidad de vida y , en suma, todas las condiciones que permiten el desarrollo armónico de una sociedad.

Pudimos apreciar en ocasión de esa visita, a pesar de ese conflicto irresuelto todavía, el avanzado nivel de vida de los habitantes del País Vasco; el desarrollo de sus ciudades y la importancia que tiene el valor “comunitario” para quienes forman de él.

Llegamos a esa Conferencia con las imágenes frescas y horrendas de los ataques y represalias en el conflicto de Medio Oriente; desde los ataques selectivos, la muerte de inocentes hasta el fanatismo de aquellos que no detienen en convertir a menores en escudos humanos sin olvidar la escena donde un palestino lleva en una caja los restos de seis soldados israelíes que resultaron muertos en un ataque a un blindado. Pero al mismo tiempo, se sumaban las imágenes de un rehén norteamericano degollado ante las cámaras por sus captores y las tremendas aberraciones cometidas en las prisiones iraquíes por las tropas de EE.UU.

Con todo este contexto, puede sonar hasta irónico que se convoque a una Conferencia sobre el Derecho Humano a la Paz. Sin embargo, nada de eso.

Es tal vez el momento más adecuado para que los Organismos Internacionales asuman de una buena vez el rol para el cual fueron creados y respondan al clamor generalizado de los pueblos, que no quieren más conflictos armados, más derramamiento de sangre inocente.

El Derecho Humano a la Paz ha sido enunciado como uno de los Derechos Humanos de tercera generación más importantes; sin embargo, hasta el momento se han llevado a cabo muy escasas iniciativas para reflexionar acerca de su conceptualización, definición y desarrollo. Las iniciativas más importantes anteriores a la que motiva este comentario han sido:

1) el Manifiesto de Sevilla sobre la violencia de 1986 en el cual se abordara la cuestión del origen biológico de la violencia en el ser humano. Ese manifiesto avanzó en la tarea de precisar su origen al considerar a la violencia como un ejercicio de poder refutando así, el determinismo biológico que trata de justificar la guerra legitimando cualquier tipo de discriminación basada en el sexo, la raza o condición social. Desde esta perspectiva, la guerra es evitable;

2) el Congreso Internacional sobre “La Paz en el espíritu de los Hombres” de Yamoussoukro (Costa de Marfil, 1989) en el que se acuño el concepto de Cultura de Paz, y cuyas reflexiones proponen un programa para la paz en el que deben participar todos los agentes sociales;

3) la Conferencia sobre el Derecho del Ser Humano a la Paz, celebrada en París, en marzo de 1998, con motivo del 50 aniversario de la proclamación de la Declaración Universal de los Derechos Humanos, que reunió a expertos gubernamentales de 120 países y en el cual se reflexionó sobre el Documento presentado en 1997 por el entonces Director General de la UNESCO, Dr. Federico Mayor Zaragoza, tal vez el paladín en esta difícil empresa por lograr el reconocimiento del Derecho Humano a la Paz, dentro del ámbito de los instrumentos normativos internacionales. En esta conferencia se pusieron de manifiesto las diferencias existentes a la hora de definir el concepto si bien la reunión de expertos concluyó con una idea de consenso general coincidiendo en que la Paz es una aspiración universal. De allí salió un proyecto de declaración que resulta muy significativo para definir el Derecho Humano a la Paz y sus implicaciones;

4) el Llamamiento de La Haya por la Paz de 1999, en el que participaron cientos de organizaciones civiles y que dio origen a la Agenda de la Haya por la Paz y la Justicia.

El anhelo de vivir en paz es hoy una aspiración reconocida; empero a lo largo de la historia los seres humanos se han empecinado en refutar con sus acciones crueles este legítimo deseo. El recurso a la violencia para solventar los conflictos es, lamentablemente, una constante que acompaña la Historia de la Humanidad.

Esa Historia es un reflejo de un continuo tejer y destejer de abusos cometidos por la autoridad y de luchas, a veces encarnizadas, por la libertad. Si sombrías son las páginas de la Historia que hablan de la intolerancia y de las arbitrariedades cometidas por dictadores, caciques, reyes absolutos y generales, también es gloriosa la historia de la Humanidad que ha esculpido monumentos inmortales en defensa de la libertad y de la justicia, tales como Hammurabi, la Carta de Neuchatel, la Carta Magna, el Bill of Rights, entre otros.

En este sentido, la larga marcha de los pueblos hacia esas ansiadas metas, desde la Prehistoria hasta los albores del siglo XXI, corre paralela con la toma de conciencia de las sociedades y los individuos sobre sus derechos fundamentales. Ahí están para demostrarlo, por ejemplo, varios monumentos estelares de este alborear de la conciencia ciudadana mundial: la Declaración del pueblo de Virginia, en 1776; la Declaración Francesa de Derechos del Hombre y del Ciudadano, de 1789; la Declaración Universal de las Naciones Unidas, de 1948; los pactos de Derechos Civiles y Políticos y de Derechos Económicos, Sociales y Culturales, de 1966 y la Convención Americana sobre Derechos Humanos o Pacto de San José, del año 1969, entre otros.

En este momento de particular convulsión internacional se hace necesario superar las distintas concepciones de la paz que han prevalecido a lo largo de la historia (paz como ausencia de guerra; paz como equilibrio de fuerzas en el sistema internacional: paz negativa; paz positiva, etc) e ir más allá. La paz, como aspiración y necesidad humana significa, no sólo una disminución de todo tipo de violencia, sino que es condición indispensable para que los conflictos puedan ser transformados de manera creativa.

La necesidad de proclamar y defender nuevos derechos se manifiesta en los cambios históricos. Los nuevos tiempos plantean nuevas necesidades y nuevos problemas a los que hay que encontrar solución; en otras palabras, a nuevas exigencias, nuevas respuestas. Ya desde el ocaso del siglo XX se perfiló una nueva generación de derechos; los derechos de los cuales es titular la sociedad; son los derechos de incidencia colectiva; entre ellos, el derecho humano a la Paz que nos trasciende a cada uno de nosotros y que se convierte en una demanda social a la cual los ordenamientos positivos internacionales deben dar acogida.

Desde el Observatorio de Derechos Humanos acompañamos, con nuestra modestia pero, al mismo tiempo, con nuestro compromiso todos los esfuerzos que hagan posible este ideal.