Trayectoria profesional, académica, los cargos que ha desempeñado en la función pública, su trayectoria internacional, el detallede las conferencias que ha pronunciado en el país y en el exterior, sus publicaciones y en particular, información sobre Derechos Humanos, Ombudsman, Defensor del Pueblo, derecho al desarrollo, derechos de usuarios y consumidores, globalización y su actividad profesional actual.

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“La vigencia de una institución benéfica”, publicado como Editorial numero 3, el sitio de la Fundación Observatorio de los Derechos Humanos.

La vigencia de una institución benéfica

Por el Dr. Jorge Luis Maiorano.

Un 1°de marzo de 1810, asumía Lars August Mannerheim como Ombudsman en Suecia, primer país del mundo que establecía esta figura.

Se han cumplido pues 194 años desde el establecimiento formal de esta institución que hoy es patrimonio de los cinco continentes. Alguna vez escuche decir a sir John Robertson, ex Ombudsman de Nueva Zelanda y ex Presidente del Instituto Internacional del Ombudsman que el Ombudsman se había difundido más rápidamente que alguna religión. Es que la llamada Ombudsmanía dominó la segunda década del siglo pasado cuando la Institución se incorporó a países de diversos sistemas institucionales y ya lejanos al ámbito nórdico donde había nacido.

Como lo sostuve al disertar en la VI Conferencia Mundial de Ombudsman, en Buenos Aires en octubre de 1996,….No cabe duda que las últimas aplicaciones de nuestro instituto han desbordado los estrechos límites impuestos a la figura en su versión original. Una buena prueba de ello lo constituye la activa y decidida intervención que han asumido en estos últimos años, tanto en la defensa de los derechos humanos a la vida y la libertad como en la tutela de los derechos económicos, sociales y culturales o en los problemas vinculados al medio ambiente. Es que sus competencias han aumentado al amparo de las crecientes necesidades y exigencias sociales. Y si bien, en algunos casos, su actuación no se limita al control de los actos estatales sino que alcanza también, a los actos de particulares que lesionan derechos humanos o, en otros, se le ha otorgado una amplia legitimación procesal para accionar en defensa de los derechos vulnerados, siempre el concepto del Ombudsman está presente. Siempre el referente inexcusable es la noble institución de origen nórdico. Diría que, casi con reverencia, quien no presenta los caracteres originarios, aspira a ellos; desborda, incluso, la denominación singular que su ordenamiento jurídico le ha atribuido a la figura y siempre aspira, si no es llamado Ombudsman, ser considerado como tal. La generalizada difusión de este instituto - que ha superado límites geográficos, diferencias ideológicas, raciales, de credo, de lenguas, tradiciones, sistemas políticos, etc.- se ha edificado sobre el modelo tradicional (reconociendo su carácter fundacional y paternidad), pero no siempre a su imagen y semejanza. El Ombudsman, en sus versiones más recientes, está comprometido, no sólo con las disfunciones administrativas, sino también con la defensa de los derechos humanos, de cualquier generación que se trate asumiendo, en este sentido, un decisivo rol en las sociedades modernas. La comunidad internacional de Ombudsman ya no considera disonantes ni ajenos los desafíos garantísticos que los Defensores del Pueblo, Procuradores de los Derechos Humanos o figuras con denominaciones equivalentes, han asumido como propios y que incluso perfilan a las más recientes aplicaciones en los países de Europa Oriental.

El Ombudsman en su versión actual, si es edificado sobre la base del modelo original, aunque no necesariamente a su imagen y semejanza, no pierde su identidad de tal. Es más, no sólo no la ha perdido sino que, a mi juicio, la ha afirmado a partir de que consolidó su condición de interlocutor privilegiado entre el pueblo y sus necesidades y el poder en cualquiera de sus expresiones; además, se erige en un mediador calificado desde su posición de independencia, no para buscar responsables, sí para articular soluciones a los problemas que generan las antinomias; es también un signo de identidad democrática; un instrumento de participación ciudadana; un medio de legitimación cotidiana de las instituciones estatales; una forma de recrear la confianza de la ciudadanía en las instituciones estatales; un instrumento ágil, diferente, informal e inmediato para defender los derechos humanos; en suma, es un medio de sensibilización del poder público acerca de las reales insatisfacciones de una sociedad.

La clave para todo ello será que siempre, sin concesiones, el moderno Ombudsman mantenga su plena independencia de los intereses partidarios y que sea algo distinto, no más de lo mismo, dicho esto sin que ello implique descalificar a los órganos y procedimientos tradicionales pero, no obstante carecer del poder de coacción jurídica clásico, su procedimiento flexible, su trámite sumario, la fácil accesibilidad de los quejosos y, sobre todo, su inmediación con la problemática cuestionada son ventajas indudables que puede mostrar a todos los vientos.

El Observatorio de los Derechos Humanos rinde, de esta forma, homenaje a una institución benéfica que nació en el siglo XIX, creció en el siglo XX y afronta la centuria actual con la fortaleza que le da el sólido prestigio ganado a través de los años por quienes honraron la figura actuando con pasión, compromiso e independencia honrando a sus predecesores. La corresponde a los actuales Ombudsman del mundo no traicionar esos ideales tan nobles.